Estaba sentada en una e las butacas del teatro municipal… con mis ojos recorría la arquitectura del lugar, deteniéndome en cada uno de los detalles que poseía semejante espacio. Sentía el murmullo de las personas bajo mis pies y a mí alrededor. Las luces comenzaron a bajar de intensidad asta sumergirnos en una oscuridad que estaba lejos de ser terrorífico, más bien tenía un toque a magia que me producía una gran ansiedad.
Comenzaron a oírse las flautas, violines, violonchelos, arpas, pianos y timbales que dirigidos en conjunto con el maestro de orquesta lograban parsimonias y estrépitos que producían en cada uno de los espectadores diferentes emociones.
Comenzó a subir el telón, dejando al descubierto un escenario que traslado mi atención a un mundo creado solo para mi, es así como con total elegancia aparecían en una mezcla de turnos, saltos y giros los artistas en escenas.
Desde sus trajes hasta sus finos y delicados movimientos retenían mi mirada que trataba de captar a máxima cantidad de detalles posibles.
Deseaba en mi interior que el espectáculo no acabase, sentía que la música se colaba dentro de mi ser y que la delicadeza y la presicion querían ser parte de mi, sentí deseos de ser una más de esos cuerpos que se movían influenciados por las notas, ritmos y compases… y es así como estuve admirando durante una hora y media esta mezcla tan hermosa y particular de arte.
Llegando al momento culmine, la orquesta toco mejor que nunca la melodía característica de ese ballet, con una fuerza que dejo a cada uno de quienes mirábamos con el corazón latiendo de emoción, extasiado de tanta belleza. El aplauso del público estallo y cada uno de los integrantes del ballet y la orquesta se despedían orgullosos y agradecían los cálidos gestos de un público totalmente agradecido.
Comenzaron a oírse las flautas, violines, violonchelos, arpas, pianos y timbales que dirigidos en conjunto con el maestro de orquesta lograban parsimonias y estrépitos que producían en cada uno de los espectadores diferentes emociones.
Comenzó a subir el telón, dejando al descubierto un escenario que traslado mi atención a un mundo creado solo para mi, es así como con total elegancia aparecían en una mezcla de turnos, saltos y giros los artistas en escenas.
Desde sus trajes hasta sus finos y delicados movimientos retenían mi mirada que trataba de captar a máxima cantidad de detalles posibles.
Deseaba en mi interior que el espectáculo no acabase, sentía que la música se colaba dentro de mi ser y que la delicadeza y la presicion querían ser parte de mi, sentí deseos de ser una más de esos cuerpos que se movían influenciados por las notas, ritmos y compases… y es así como estuve admirando durante una hora y media esta mezcla tan hermosa y particular de arte.
Llegando al momento culmine, la orquesta toco mejor que nunca la melodía característica de ese ballet, con una fuerza que dejo a cada uno de quienes mirábamos con el corazón latiendo de emoción, extasiado de tanta belleza. El aplauso del público estallo y cada uno de los integrantes del ballet y la orquesta se despedían orgullosos y agradecían los cálidos gestos de un público totalmente agradecido.