domingo, 7 de noviembre de 2010

Nada que importe mucho

Nunca "no lo he no admitido". Se que soy igual de bipolar, que la gente que escojo que este a mi lado, esa misma gente por la que sufro, y escribo esos largos testamentos que me hacen pensar, si escribo por amor a las letras o por amor al autoflagelamiento. Por todo esto, siempre decido que es mejor no pensar mucho, y vivir. En eso he estado estos últimos meses. He dejado de pensar, he tomado riesgos. Nada que se escape tanto de las normas: llego a clases, estudio cuando hay que hacerlo, corto la llave de paso del gas, pago LA cuenta que tengo que pagar… en fin, mantengo la compostura en lo notificable.

En días como este, en donde la ciudad se cubre con una cortina de micro gotas, y las calles producto del brillo del asfalto se ven más poéticas de lo que acostumbran, no puedo evitar analizar mi vida. Solo el ruido de las llantas de los autos, removiendo el agua acumulada entre la vereda y la calle, interrumpe de vez en cuando mis recuerdos, para llamar mi atención: "Hace tres días estoy diciendo que debo estudiar, pero nuevamente estoy sacando la vuelta."

¿Cómo sabes que has superado una etapa?, ¿Qué has superado viejos dolores?, ¿Qué has crecido ?, ¿Qué ya no eres la misma de hace unos pocos años atrás?.

Hoy me di cuenta, que la lluvia ya no me molesta, no me causa esa sensación de vacío que antes me producía, para mi, eso es un signo de extraña madurez.

Abro la ventana con la insensatez que esto tiene. Llevo 3 horas con el calefactor eléctrico en mi pies, y derepente de la nada, me dieron ganas de sentir el olor a pasto mojado, y el ruido de las gotas que chocan con las cosas que interrumpen su paso.Resfrio seguro, pero no me importa mucho.

La plaza de la esquina parece un verdadero cuadro, los detalles están matizados detrás de toda esa agua que cae con un ritmo que invita a hacerse un chocolate caliente, prender una chimenea y regalonear con la familia. Cosas difíciles de obtener en este momento. Se me acabo el chocolate, no tengo chimenea y mi familia esta en La Serena, así que solo me quedan las ganas, que ayudan a que la imaginación fluya y pueda escribir algo que no sea triste, o corta vena, pero sí, con ese grado de melancolía, que caracteriza cada cosa que pienso y dejo plasmado.

Aún tengo mucho por lo que escribir, pero comenzo un viento, que indica un inminente corto circuito con mi computador gracias a esas gotas rebeldes que vuelan contra él. Aprovecho de cerrar la ventana,y dejar de escribir.

Adios.