Coni, cuando leas esto, no te sientas mal , ni te preocupes… se que no pudiste por razones de fuerza mayor, y te excluyo de cualquier dolor y rabia.
Hoy salí de la universidad como un bulto… hace ya dos semanas que mis ánimos andan por el suelo, al punto de que mi espalda ha reflejado un poco esa fatiga de estar firme.
Hace dos semanas, que no tengo ganas de ir a la universidad… hace dos semanas que me volví un ratón de biblioteca (porque las notas son lo único que me ha subido los ánimos), y que mi vida transcurre desde ese lugar a mi casa, de mi casa a la U y de la U a la biblioteca… un circulo vicioso.
Hoy estaba hecha polvo… cenizas, o póngale el nombre que quiera. Obvio… nadie se percata, y quizás la única forma de que alguien se de cuenta de algo , es leyendo esto… lo que no significa que voy a llegar con mis preocupaciones a contarle a la persona que haya leído esto, que es lo que me pasa… si, así es… soy la señorita introvertida… y la experiencia ha hecho que me de cuenta, que más que algo malo en mi persona, es un gran valor el ser así.
Hoy necesite ayuda.
Hoy si no rompí en llanto, fue por orgullo.
Hoy no supe a quien acudir, y simplemente dejé que mis pies me llevaran… camine por providencia… me di unas cuantas vueltas, trate de animarme parada frente a vitrinas… pero definitivamente no soy de esas mujeres que tomen a la ropa como el mejor terapeuta del mundo.
Llegue hasta la joyería de mi abuela.
Y como suele ocurrir, me senté a su lado. Ella y yo, tenemos una conexión especial, pues… hemos vivido de todo, y no es lo común que viven los abuelos y sus nietos.
Ella, me cuido cuando niña, fue un pilar grande cuando mis papas se separaron, y yo me iba por algunas semanas a vivir con mi papá. Ella me bañaba, me limpiaba, me alimentaba y me acurrucaba. Ella fue quien me pillo la sarna, y quien me enseño el “A la cama Me Bo Sha”… el rezo familiar, que hasta el día de hoy, todas las noches repito.
Con ella también me he peleado a muerte, me he dicho las peores cosas y he sido YO, totalmente injusta.
De ella he sabido las peores cosas… pero también la admiro demasiado.
Llegue ha hablar de la vida, pero ella… me conoce. Y me pregunta… ¿Qué pasa mi amor?... no has comido nada… hmm… ¡Silvita!, cómprele unas empanadicas de queso a esta niña que viene ¡muerta de hambre!. Cuando la Silvita se fue, le conté un poquito lo que me pasaba… y se lo maquille un poco. Nunca cuento mis cosas, tal cual son.
Me entendió, me entendió y ella botó las lágrimas, que yo por terca no había querido botar, me abrazo y me beso, y no me sentí tonta por sentirme así… no me sentí escuchada a medias, como a menudo y casi todos los días me siento… aquí en un tono bajo, melancólico y muerto de vergüenza hable y fui escuchada sin tener que elevar mi voz.
Me dijo que me quería, me dijo que me entendía, me dijo que era especial y no porque fuese su nieta, me dijo que no escuchara, me dijo que sintiera. Y por último, me dijo lo que más me calmo:
“ Con tu tía Becky lo hablamos… lo que pasa Yaelita, es que tu eres una enamorada del amor…”
¿Una enamorada del amor?, sí… me suena totalmente lógico… cuantas veces lo proclame aquí en mi blog, en voz alta… en todo lugar en el que me quisiese escuchar y que a mi lengua no le pusiesen freno…y en los que mi voz rebotaba… también, pero que alguien más me lo dijera… me calmo el corazón pesado.
Hablamos largo y tendido… no me di cuenta como pasaron 4 horas de mi día sentada junto a ella… escuchando su historia… su historia de amor, sin duda… una de las más lindas y triste que he escuchado en mi vida.
Y pensé… “pucha que es seca mi abuela”, viuda a los 31 años, con tres niños que sacar a delante y yo preocupada por “wevas”.
Al final de este día, llegue adorando más a mi abuela y admirándola también, de manera impresionante.
No creo que leas esto, pero eres lo mejor Estela Navón Ergas.
Yael