domingo, 24 de mayo de 2009

Rouge

Al costado de sus ojos, se escribía el pasar del tiempo…arrugas que marcaban los sucesos de su vida… algunos tristes y complejos, pero la gran mayoría era el resultado de la felicidad con que enfrentaba los días.

Su pelo cano se encontraba siempre recogido en su tan ordenada moña… ningún pelo anarquista se escapaba de este, demostrando sin querer, la disciplina con la que regía su vida. Su cara ya había perdido la gordura innata de la juventud, y su boca, al igual que los bordes de su cara, también tenía las marcas de su vida, representados con una singular belleza.

Esa mañana había despertado con la extraña certeza de que moriría. Es raro… la gran mayoría de las personas, le temen a la muerte…ella siempre estuvo tranquila respecto a ese tema… no sentía miedo, ni pena... si, mucha ansiedad. Años atrás había comenzado a escribir sus miedos y malos recuerdos, para ir guardándolos en un baúl… según ella, era su forma de alejar lo negativo… según yo, era su forma de ordenar las ideas. Al levantarse de su cama, comenzó a ordenarlo todo… a dejar las cosas dispuestas para su partida…-”nunca fui una carga cuando viva y eso pretendo mantenerlo hasta el último día”- ese era su pensamiento, siempre independiente… siempre valiente.

Le escribió una carta a cada uno de sus hijos, las cuales dejo en la habitación de cada uno… hizo unas llamadas, para que fueran a verla al día siguiente, dejando en cada contestadora un mensaje lleno de amor. Limpio la cocina como siempre lo hacía…y al llegar la tarde, comenzó a hacer más conciente aún, el echo de que ese día se despediría de todo lo cotidiano.

El atardecer siempre había sido su momento predilecto del día… y con ese atardecer, se iría. Subió a arreglarse a su baño… lavo su cara con delicadeza, y se miro al espejo… -“Al final todo resulto bien…gracias Dios”- Dijo con una tranquila expresión en su rostro. Cambio sus ropas, por su vestido predilecto… uno azul rey con pedrerías… el mismo que años antes de ese día, le regalase su marido, al enterarse que sería papá por primera vez; y uso los mismos zapatos que eligió en ese tiempo para su atuendo. Busco entre todas sus pinturas ese rouge especial… ese que utilizo, la noche en que conoció a su esposo… el mismo con el que se caso…el mismo con el que celebró cada victoria de sus hijos… el mismo con el que despidió a su gran amor… y ahora, con esa última postura, le daría fin a su uso, como a su vida… como si ese rouge hubiese sido fabricado especialmente para ella…

Bajó al comedor, y coloco en su tocadiscos, su disco predilecto… -“ya casi era hora”- recorrió por última vez su hogar y se sentó en la terraza… -“que hermoso era el paisaje”- Todo estaba teñido de colores pasteles, los cerros, el bosque, el lago, su casa y ella… El sol poco a poco desaparecía, y luego que el cielo adquirió ese tono lila, ella cerró los ojos esbozando una sonrisa, y pensó…-“pronto estaré contigo”- y así como se oscurecieron los cerros, el bosque, el lago y su casa… ella se oscureció. Y ahí quedo su cuerpo posado con la más sincera expresión de tranquilidad… las manos cruzadas sobre sus piernas y una tibia brisa rodeándola…cuando el tocadisco comenzó a interpretar una nueva canción… ella ya llevaba varios minutos en el silencio.

Yaelita


martes, 19 de mayo de 2009

Adios Benedetti

No eras más que el reflejo de tu sentimiento echo pluma

Vociferando a trazos limpios esos pensamientos

Eras pasión, eras lujuria, eras Benedetti.

Tú y tu firma única de palabras infinitas.

El autor de la vida de muchos.

El de la temática típica pero original.

El de las palabras ajadas por el uso, pero que le devolvía la novedad.

Te fuiste hace tan poco, aún muchos te lloran.

Yo no te llore… cuando escuche sobre tu muerte, sepulte la noción del echo, y me espere para dedicarte unas palabras… No quiero despedirte con uno de tus poemas, quiero despedirte con las cosas que despiertas en mi, quiero recordarte con tu irreverencia al escribir… o con la ternura con la que nos tratas.

Adiós Benedetti, continúa en el cielo con la labor que aquí tenías… esa labor de utilizar el místico amor, con diferentes matices.



Yaelita

lunes, 18 de mayo de 2009

Don Gris

Son las 5:51 de la mañana… y llevo como una hora y media despierta. Preparo una prueba que tengo en dos horas más… así llevo ya 3 semanas, estudiando sin parar.

No, no me molesta tanto esta situación… estamos todos iguales en mi curso… siempre supe que este año sería así, por lo tanto mi estado de ánimo, es como siempre… muy bueno.

¿Por qué escribir ahora?... quizás porque estoy un poco cansada de ver patologías orales… y tengo ganas de divagar un poco sobre la vida en general… la que se puede resumir en un apego excesivo a mi tan adorada biblioteca.

Hay un personaje que siempre acude allí… y cuando lo veo entrar y sentarse en una de las mesas a dar vuelta las hojas del libro o diario de turno, me hace sentir como un personaje de una película norteamericana…una extra… de las personas que pasan con un café detrás de la escena central. No, no crean que es de esas películas románticas, donde se encuentra el amor de la vida, al estilo “Tienes un e-mail” con Tom Hanks y Meg Ryan… para nada… es como una película que te toca la fibra del esfuerzo y las ganas de ser mejor persona, más culta, más integra, más sabia.

No le queda mucho pelo en su cabeza… pero si posee una gran barba gris… siempre esta con el mismo traje raído por los años… y una expresión de cansada sabiduría. Nunca lo he visto reírse, pero si lo he visto utilizar una moneda de 10 pesos pegada a su nariz. No se si está loco, o quizás en más sano juicio que todas las personas que vemos pasar nuestros días sentados memorizando allí…en los mismos puestos de siempre.

¿Qué habrá sido el cuando joven?,¿Con quién vivirá?,¿Cómo vivirá?,¿Cuál será su nombre?,¿Tendrá familia?... todas estas preguntas corren por mi cabeza, mientras lo veo hacer el mismo recorrido en busca de algo para leer…

Algunas veces hemos cruzado miradas…y en una sola oportunidad alcance a mirarlo directamente a los ojos, mientras le sonreía… el no pestaño, simplemente bajo su cabeza y continuó su incesante lectura… en un momento pensé:-” que huraño”-, pero pasado unos segundo, descifre su mirada… y siento que no me vio… yo creo que el vive en su mundo… en ese de letras, y que lo corpóreo es inexistente.

Creo que nunca podré olvidarme de este caballero… una persona con cero rango de importancia en mi vida… pero que sin duda, aviva mi curiosidad de niña, que en alguna parte de mi corazón… aun cree en el viejito pascuero y el ratoncito de los dientes.

Yaelita

domingo, 10 de mayo de 2009

EL Güatón:


Siempre me han dicho, que soy igual a mi padre…que tengo sus ojos, y la risa a flor de piel como él, las manos parecidas (para mi gran desdicha)… y para quienes lo conocen, un sentido del humor muy similar. Pese a que no vivimos juntos desde que tengo 3 años… la gran mayoría de mi gestos, son los que tiene él… demostrando que la fuerza de la genética influye hasta en los más mínimos detalle.

Si, el “guatón” es mi mejor amigo… porque no solo nos reímos juntos de las cosas tristes de la vida… si no que también conversamos y divagamos sobre esos detalles, que no a muchas personas le llaman la atención, pero que para nosotros dejan de ser detalles y se convierten en un tema tan importante, como lo es el Transantiago para algunas personas.

Recuerdo que cuando tenía unos 6 años… Me iba a buscar a La Serena, para pasar mis vacaciones de invierno en Santiago. Me hacía jugar con el a “los ases de la carretera”…solo para que no lo molestara con el tan famoso: “Papá…¿Cuánto falta?”… Cuando veía acercarse la tan exasperante pregunta, me pasaba un casco imaginario y aceleraba, pasando lo autos bien rápido, subiéndole el volumen al casette que tanto me gustaba… el casette de The Doors (siendo quizás ese, mi acercamiento a la buena música), y haciéndome prometer que no le contaría de nuestras aventuras a mi mamá… obviamente que por lo mismo, se gano varios partes… los cuales se los trataba de sacar, diciéndome que le hiciera caritas al señor carabinero… algunas veces funcionaba… y otras tantas, no.

Su gran plato… es el pollo asado con palta molida…pese a que se lee un plato bastante fácil de realizar, solo a él le queda como a mi me gusta…

El gordo me enseño que en la vida, los duelos se viven llorando, esperando de forma paciente a que el corazón se cure con el tiempo… pero siempre creyendo que se puede volver a ser feliz. También que la risa, no es sinónimo de cosas tontas, si no más bien, una herramienta para luchar contra las cosas que nos dañan o duelen… y que al momento de sentir, no hay reglas de cómo expresarlo.

Hey papito, te quiero aunque me babees, me quites la comida del plato y me bolsees los cigarros… porque al fin y al cabo, se que sea la hora que sea… siempre estarás ahí para sacarme una sonrisa, secarme las lágrimas y darme un abrazo.

Tu hija que te adora.

Yael

El mismo Matiz

La verdad es que no quiero escribir sobre ti, pero últimamente eres lo único que tengo en la cabeza. Ya van dos noches en las que no he soñado contigo… y eso puede parecer bueno… “quizás estoy empezando a controlar esto que siento”, pero por otra parte, te extraño más.

Y la verdad es que fue bastante inesperado… jamás creí que volvería a pasar otra vez. Que mis sentimientos iban a convertir el invierno en otra primavera, y que el frío se iba a convertir en calidez bajo tu mirada.

Es raro… antes solía escribir solo cuando tenía miedos y penas… ahora… siento que eso no existe en mi mundo. No digo que gracias a ti, mi vida sea perfecta…se que la perfección solo va ligada a las personas mediocres… es solo que a tu lado, las cosas parecen menos duras.

Si, a veces no te entiendo, pero es eso lo que me da curiosidad… me dan esas ganas de tratar de saber todo lo que te preocupa, lo que te hace reír, lo que te hace llorar… me dan ganas de conocer tu mundo por completo… ser quizás la narradora omnisciente de tus días… conocer lo que pensaras, incluso antes que tu… y es raro, porque por primera vez en mi vida… se que alguien es imposible para mi, y eso no me asusta… y me mantiene con este sentimiento de dulce inseguridad.

SoPheR