Al costado de sus ojos, se escribía el pasar del tiempo…arrugas que marcaban los sucesos de su vida… algunos tristes y complejos, pero la gran mayoría era el resultado de la felicidad con que enfrentaba los días.
Su pelo cano se encontraba siempre recogido en su tan ordenada moña… ningún pelo anarquista se escapaba de este, demostrando sin querer, la disciplina con la que regía su vida. Su cara ya había perdido la gordura innata de la juventud, y su boca, al igual que los bordes de su cara, también tenía las marcas de su vida, representados con una singular belleza.
Esa mañana había despertado con la extraña certeza de que moriría. Es raro… la gran mayoría de las personas, le temen a la muerte…ella siempre estuvo tranquila respecto a ese tema… no sentía miedo, ni pena... si, mucha ansiedad. Años atrás había comenzado a escribir sus miedos y malos recuerdos, para ir guardándolos en un baúl… según ella, era su forma de alejar lo negativo… según yo, era su forma de ordenar las ideas. Al levantarse de su cama, comenzó a ordenarlo todo… a dejar las cosas dispuestas para su partida…-”nunca fui una carga cuando viva y eso pretendo mantenerlo hasta el último día”- ese era su pensamiento, siempre independiente… siempre valiente.
Le escribió una carta a cada uno de sus hijos, las cuales dejo en la habitación de cada uno… hizo unas llamadas, para que fueran a verla al día siguiente, dejando en cada contestadora un mensaje lleno de amor. Limpio la cocina como siempre lo hacía…y al llegar la tarde, comenzó a hacer más conciente aún, el echo de que ese día se despediría de todo lo cotidiano.
El atardecer siempre había sido su momento predilecto del día… y con ese atardecer, se iría. Subió a arreglarse a su baño… lavo su cara con delicadeza, y se miro al espejo… -“Al final todo resulto bien…gracias Dios”- Dijo con una tranquila expresión en su rostro. Cambio sus ropas, por su vestido predilecto… uno azul rey con pedrerías… el mismo que años antes de ese día, le regalase su marido, al enterarse que sería papá por primera vez; y uso los mismos zapatos que eligió en ese tiempo para su atuendo. Busco entre todas sus pinturas ese rouge especial… ese que utilizo, la noche en que conoció a su esposo… el mismo con el que se caso…el mismo con el que celebró cada victoria de sus hijos… el mismo con el que despidió a su gran amor… y ahora, con esa última postura, le daría fin a su uso, como a su vida… como si ese rouge hubiese sido fabricado especialmente para ella…
Bajó al comedor, y coloco en su tocadiscos, su disco predilecto… -“ya casi era hora”- recorrió por última vez su hogar y se sentó en la terraza… -“que hermoso era el paisaje”- Todo estaba teñido de colores pasteles, los cerros, el bosque, el lago, su casa y ella… El sol poco a poco desaparecía, y luego que el cielo adquirió ese tono lila, ella cerró los ojos esbozando una sonrisa, y pensó…-“pronto estaré contigo”- y así como se oscurecieron los cerros, el bosque, el lago y su casa… ella se oscureció. Y ahí quedo su cuerpo posado con la más sincera expresión de tranquilidad… las manos cruzadas sobre sus piernas y una tibia brisa rodeándola…cuando el tocadisco comenzó a interpretar una nueva canción… ella ya llevaba varios minutos en el silencio.
Yaelita
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