Me duele el pecho al respirar. Cada bocanada de aire que entra por mis pulmones me produce daño. No tengo pensamientos suicidas, pero ahora entiendo la expresión “duele vivir”.
Me siento atrapada en una jaula de cristal, me siento comprendida como se sienten comprendidos los payasos en un circo, porque desde fuera todo es un gran sespectaculo, pero por dentro sientes que el show debe continuar, por respeto al público. Y así, al igual que les pasa a los payasos, el show dura, lo que dura la novedad y cuando eso pasa y todo se vuelve repetitivo, ya no hay empatía, como si todo se borrase de golpe.
Me duele el pecho, creo que es por tragarme la rabia una y otra y otra vez.
Me duele el pecho, creo que es porque tengo que seguir y seguir y seguir.
Me duele el pecho, porque no tengo derecho a que me duela. Es como si con cada respiración se me clavara un clavo tras otro.
Sonríe, sonríe, sonríe , comprende, comprende, comprende. Como si el agravio durase solo horas, cuando dura días, meses, años, la vida entera en el pasado, en el presente y en el futuro. No acaba nunca.
Ciudadana de tercera categoría, por mujer, por lesbiana y por judía. Ciudadana de tercera categoría, por etnia, nación y compañía.
Los ciudadanos de tercera categoría no tenemos derecho a demostrar nuestro dolor, no tenemos derecho a defendernos tampoco, no tenemos derecho a la dignidad. Mira que palabra más gastada y más utilizada.
Pero así es, tengo que pisotear mi dignidad, para seguir viviendo, aunque se que no soy la primera, pero no por eso duele menos.
Lo más triste de todo, es que solo me queda entenderme a mi misma, porque por más que te quieran, no están en tu pellejo y bueno, la piel nunca ha sido intercambiable.
Cuánto más puedo dar mi brazo a torcer? Cuánto tiempo tardaré algún día, en mandar a todo el mundo a la mierda?, no lo sé, lo que si se, es que la puntada en el pecho lleva semanas y solo avanza, no cesa ni aminora y eso, es una putada que nadie entiende.
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