Hace años que no me sentía con esta presión en el pecho. Tengo gana de vomitar constantemente. No se calma en mi cabeza esta sensación de falla.
Quiero llorar todo el tiempo. Sentía que era feliz, ahora solo siento confusión y dolor. Algo apreta mi garganta y no tengo idea de con quién puedo hablar esto. Los pensamientos que aparecen en mi cabeza quisiera desterrarlos.
Yo sé que mucha gente tiene problemas y que muchos lo están pasando peor que yo. También se que este mundo está cada vez más convulso, más revuelto y me siento egoísta por sentir lo que siento.
Siento que estoy atrapada y a la vez a la deriva. No estoy aquí y no estoy allá. Siento ruido, todo el tiempo sin parar, el pecho se me encoge y solo quiero gritar, porque el desgarro de la garganta me alivia por momentos la carga que llevo dentro. Pobre millenial que no aguanta el estrés. que ridícula me siento.
¿ Y si finalmente me convertí en lo que no debía convertirme? ¿Y si para no convertirme en lo que no debía convertirme tenía que dejar de lado mis sentimientos y lo que a mí me hace lógica? ¿ Y si estoy mal y todo lo que he hecho esta mal?... ¿Qué me queda en el presente y que me queda en el futuro?, olvide realmente quién soy?¿Lo supe alguna vez? ¿Me cansé de buscarme y me conforme con una respuesta? Si solo pudiese rebobinar mi vida un mes.
Mi equilibrio emocional ya no existe, estoy pendiendo de un hilo y no se donde aferrarme, me siento sola, tan sola que no puedo respirar, y no es que no tenga gente que se preocupe por mi, simplemente siento que no conecto con nadie y esa sensación de outcast que creía borrada de mi ser reflota con facilidad para recordarme que no perteneces a ningún sitio. Que horrible sensación. Yo que siempre sentí que el destierro me daría tranquilidad, me doy cuenta que no hay escapatoria.
Que difícil es darse cuenta, que a veces nunca escapamos del peso de la adolescencia... ni de la sensación de injusticia, nunca es suficiente.
Que pena siempre ser la perseverante, como si todo lo que hiciera no tuviese más valor que el haberlo intentado una y otra vez... no cuenta que lo haya logrado, porque solo se ve que lo tuve que hacer muchas veces y aunque suene poéticamente maravilloso, no es más que la palabra recompensa o mejor dicho, como siempre lo he sentido, un premio de consuelo. Mi vida siempre ha sido un premio de consuelo.
Y es que no lo entiendo, ¿qué más puedo hacer?, ya no se me ocurre nada más. Que desilusión, tanto luchar para nada, que sensación de vacío más dolorosa.
S.

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