viernes, 27 de agosto de 2010

Su Historia Con Soledad

Había oído hablar de ella. Decían que era fría, manipuladora, que no dejaba vivir tranquilamente, pero como todavía no se había cruzado en su camino, no ponía mucha atención a las palabras, pues no le interesaban los pormenores de alguien así. Si no le gustaba algo, simplemente lo evitaba, así que si llegaba a tener la oportunidad de conocerla, él simplemente haría eso, la evitaría, dejándola pasar sin siquiera saludarla.

Un día, un amigo la apunto y le dijo.- ¿La conoces?, ella será compañera tuya.
Como él era muy prejuicioso, no quiso ir a saludar a Soledad. Con todo lo que le habían contado de ella, no quería incluir en su vida a alguien con tan mala fama. Aunque la verdadera razón fuese el miedo de pasar por todo lo que los otros habían pasado al tenerla a su lado.
Para no parecer un cobarde, tomó la estrategia más simple de todas: El Ataque.
Hacía eventos en su casa, organizaba salidas con sus amigos (los cuales eran amigos en común de Soledad), pero a ella no la invitaba, ni siquiera le dirigía la palabra. Intentaba por todos los medios, ser lo más hiriente posible, cosa de que a ella no le diesen ganas siquiera de conocerlo. Todos estos planes no resultaban mucho, pues a penas se encontraba solo, se acordaba de ella o la veía acercarse a él cuando esta lo divisaba de lejos, mirándolo con curiosidad, como si de verdad le interesase todo sobre él.
Finalmente decidió cambiar de estrategia, si atacar no funcionaba, entonces tendría que huir de su presencia siempre que se la encontrara.
Dentro de sus ideas estaba frecuentar lugares que él creía que a ella no le gustarían.
Iba al teatro, al cine, exposiciones y a conciertos de todo tipo, pero siempre la encontraba, o sentada unas butacas más haya de él, o en los pasillos del lugar al que iba. Ella estaba en todas partes.
Poco a poco, comenzó a volverse una parte esencial de la vida de él. No se dio cuenta, en que momento a él dejó de molestarle su presencia. La miraba de reojo, y no entendía porqué Soledad se había ganado el odio de tantas personas.
Luego comenzó a simpatizar con ella, regalándole de vez en cuando una sonrisa. Ella amablemente se la devolvía. El verla sonreír le producía una agradable sensación. No, no era amor, era tranquilidad.
Aún seguía escuchando algunas cosas que la gente decía sobre ella: “Que era una desconsiderada”, “que no le importaban los demás”, y lo peor de todo, que había cometido un gran crimen… había producido el suicidio de un hombre, y se hablaba de muchos más.
Él no podía entender como Soledad le producía toda esa paz interna, y a otros tantos pesares. Él lo único que deseaba era acercarse un poco más a Soledad, pero no sabía como.
Había escuchado que Consuelo siempre defendía a Soledad. El problema es que a Consuelo las personas la escuchaban solo cuando algo malo le pasaba a alguien, pero luego de solucionado u olvidado el problema, se alejaban de ella, o incluso peor… hablaban a su espalda diciendo que era una mediocre y por esta razón, nadie escuchaba las palabras de Consuelo y mucho menos si estas eran sobre Soledad.
Él decidió dejar de escuchar a las masas, y aprender un poco más. Llego a casa de Consuelo al medio día, toco a su puerta un poco nervioso, y ella le abrió, haciéndolo pasar dulcemente. Le ofreció algo para beber y comer. Luego comenzaron a hablar. Cuando se despidió de Consuelo, y se fue a su casa, ya era de noche.
Mientras caminaba a su pequeño de`partamento, escuchaba música, sumergido en sus pensamientos, recordando todo lo que Consuelo le había dicho sobre Soledad. Repasando una y otra vez, estos meses de incertidumbres, miedos y finalmente paz. Cuando derepente todo pareció encajar, y lo comprendió.
Nunca antes, en toda su vida, el se había percatado de tantas cosas que la vida le ofrecía, y Soledad lo había impulsado a crecer.
Al día siguiente, cuando la vio, tomó valor (algo a lo que él no estaba acostumbrado) y se acerco a Soledad. Le toco un hombro, y espero a que esta se diese vuelta. Al hacerlo él se presento.- Hola Soledad, mi nombre es Tristán, y quería darte las gracias.
Luego de haber soltado la frase casi sin respirar, Soledad simplemente le sonrió, le dio una palmadita tierna en el brazo, y luego dando media vuelta se marchó.
Tristán no la detuvo, pues de alguna manera sabía que nuevamente se volverían a encontrar, y que para ese entonces, ambos se entenderían ya, de forma distinta.

Tristán la recordó mucho tiempo, extrañándola de vez en cuando.
Las cosas comenzaron a cambiar cuando conoció a Esperanza, jovial, alegre, simple; Ocupando el lugar que “La Soledad” había dejado en su vida.

Yael Muldman Bitrán

No hay comentarios: