Esta impregnado en mi piel, casi como una segunda capa. No me pertenece, lo robe casi sin pensarlo, y hoy no me quiere abandonar, recordándome lo débil que soy, lo difícil que son las cosas, lo mucho ya perdido, lo poco que ya me queda por perder, las ganas de ser feliz, y la poca fe que le tengo a esto último.
Es dulce, embriagador, único y a la vez tan universal. Quiero gritar, no deja tranquila mi cabeza, ni mi vientre, ninguna parte de mi cuerpo. Es insoportable, masoquista… pero no se quiere ir en mis poros se ancla cada vez más profundo, y la verdad es que no se si quiero que desaparezca o se quede en todo momento allí.
Odio que todo sea tan difícil, que todo sea lo incorrecto, que nada de esto este bien.
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