El verano no ha querido esperar a que termine de entender todas las cosas que he aprendido.
En un abrir y cerrar de ojos hice la gran mayoría de las cosas que siempre me reprimí hacer: Tomé las decisiones más extrañas de mi vida, dejando de lado muchos prejuicios, arriesgándome para redescubrir que sigo siendo la misma niña de catorce años que cree en la suerte y sueña con el romanticismo innato que tienen las novelas de Jean Austen, tan dulce, que incluso llega a doler. Se que solo algunos pocos entienden a lo que me refiero.
Ahora, lo que si puedo decir de este nuevo encuentro con mi persona, es que sigo siendo la misma ilusa de antes, Jean Austen era una sometida a lo convencional en su pequeño mundo burgués, en todo caso no la culpo por ello, no casarse en esa época donde no era bien visto que una mujer no lo hiciera debe haber sido difícil, lógicamente ella tenía que escribir esas novelas de estela pomposamente rosadas, para parecer llena y orgullosa de su soltería. Si, soy una mal hablada, pero es que Jean Austen me causa esa contradicción mental, ¿Realmente el amor puede con todo?
En fin, iba a que era ilusa, porque en el día de hoy, uno no se puede permitir sentir así, y pese a eso, me lo permito.
El verano ya casi se va y me deja con muchos recuerdos satisfactorios, y con muchas emociones que simplemente aún no se como manejar. Vuelvo a insistir, Jean Austen y todas las sucesoras de esta tienen la culpa, ¡¡me engañaron de niña y lo siguen haciendo!!
Hmmm… acabo de llegar a una conclusión: Tengo que dejar de leer novelas con mucho contenido rosa.
¡He dicho!
1 comentario:
No confundas superar prejuicios con atentar contra el sentido común
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